El síndrome de “Quemado” (BurnOut)

El síndrome de “Quemado” (BurnOut)

 Aveces caminamos por la vida contando historias sin saber que las contamos,  y sin querer contarlas,  porque nuestro cuerpo está hablando tan alto, que no hay manera que los esfuerzos de la mente  puedan callar por lo que nuestro cuerpo, corazón y espíritu están pasando.

 

El estrés es la manera en la que nuestro cuerpo, mente y espíritu responden ante una situación externa.  Ocupamos ser capaces de reaccionar, porque de esta manera podemos hacer todo lo que realizamos; sin embargo, el problema se vuelve más cuando las respuestas al estrés son sostenidas de manera crónica por el cuerpo. Es decir, cuando llevamos a nuestro organismo a siempre estar en estado de alerta.

 

Dado que el trabajo más importante de nuestro cerebro es mantenernos a salvo, éste hará todo lo que ocupe para llevarnos a un “equilibrio”, aunque esto signifique estar en desequilibrio.  La respuesta básica de nuestro cerebro al estar frente a una situación de estrés es responder de cualquier de las siguientes tres maneras: correr, pelear o congelarse. Estas respuestas conllevan una serie de reacciones químicas,  y neurológicas que alteran nuestro organismo. Así, cuando detectamos una alarma, nuestro cerebro deja de priorizar la digestión, la salivación, el deseo sexual,  entre muchas otras  cosas, dado que detecta “que no hay tiempo para ello” porque está en peligro.

 

El sostener esto de manera prolongada, genera un caos interno que conlleva a lo siguiente:

Sensación de fatiga constante o bien de ansiedad y/o hiperactividad constante.

Disminución de nuestra capacidad para digerir los alimentos, por tal caemos en un estado de desnutrición y en el peor de los casos en un desorden alimenticio porque el sistema nervioso deja de darle importancia a alimentarse, pues digerir un alimento toma tiempo y energía, lo cual el cuerpo cree no tener.

Reducción de nuestra capacidad para oxigenarnos dado que  el cuerpo empieza a respirar más superficial, y esto produce que haya más acumulación de CO2 en el cuerpo y por tanto que  también haya tensión muscular constante dado que los músculos no están bien irrigados.

Dado que la parte primitiva del cerebro está activada constantemente en estado de alerta, la corteza frontal y lo que se le conoce como cerebro ejecutivo deja de funcionar correctamente, esto produce que tengamos más dificultad para aprender y concentrarnos.

Por si fuera poco, el “wifi neuronal”, que está compuesto de las neuronas espejo, empieza a percibir caos en todas partes y por tanto, somos percibidos como deprimidos, irritados, enojados, intranquilos, etc. Eso hace que nos llevemos a situaciones de caos, dado que es una manera de replicar la situación interna en lo exterior para así poder “darle solución a lo que sucede en nuestro interior”.

Y claro, las actividades de regeneración, mantenimiento y descanso que lleva a cabo el sistema nervioso parasimpático son poco priorizadas.

El estrés puede quemarnos, y aunque la mente pueda callar todo por cierto tiempo, eventualmente el cuerpo hablará más alto,
y terminaremos tomando el tiempo tan necesario para descansar y cuidarnos por causa de
enfermedad o fatiga.  

                                                                                                               

Deseo que a partir de ahora tomes un tiempo para hacer una pausa, para descansar, para apapacharte, para escucharte, para preguntarle a tu cuerpo lo que necesita, porque sólo así, tendrás más tiempo para hacer lo que amas, pero sobre todo estarás más cerquita de ti, porque estarás en calma y bien contigo misma.

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